En un mundo regido por los valores de la ciencia, es de especial relevancia el papel insurgente que Žižek le atribuye aún a la creación cultural. Si la ciencia supone por definición una deriva implacable hacia el conocimiento y la cultura representa una voluntad inconsciente de (auto)engaño, es tiempo de reclamar un intercambio de actitudes, de modo que el arte se vuelva desafiante en este período crítico de la historia y se atreva a mostrar ante los ojos del público la verdad intolerable de la situación y la ciencia asimile de una vez su complicidad servil con las ficciones y sueños del poder.