La nueva poesía del espionaje

La figura misma del espía parece haber sido sustituida por la del “analista” o selector. Se da menos importancia a localizar la mejor información o interpretar las acciones de un sospechoso sin hacerse notar, que a hacer acopio y decantar a distancia una inmensa cantidad de datos y metadatos cotidianos, limitando el riesgo y los rejuegos de ambigüedad que caracterizaron al espionaje en los siglos precedentes. El nuevo espía ya no tiene mucho que ver con un atento lector de poesía, sensible a las sutilezas del lenguaje, o con un estudioso del New Criticism, familiarizado con los “siete tipos de ambigüedad” definidos por William Empson, sino que es más bien el encargado de hacer un retrato robot del sospechoso utilizando la mayor cantidad de metadatos que pueda conseguir.

Algunos liberales de la vieja escuela han acusado a Obama y su Gobierno de incurrir en los mismos pecados que Nixon. Se equivocan: la realidad es bastante peor. En la época de Watergate, los espías sabían exactamente lo que buscaban, y la violación gubernamental de la privacidad operaba desde la antigua noción de medidas excepcionales para casos extraordinarios, al margen del statu quo. Con esa legislación, los culpables directos e indirectos de la intrusión podían ser enjuiciados. Todo eso ahora pertenece al pasado.

via Ernesto Hernández Busto: La nueva poesía del espionaje.