Lanark…un medio inhabitual, laberíntico, metafórico incluso en su arquitectura y en su geografía, un orbe apocalíptico e irreal

¿Denuncia? Sí, por supuesto, bajo la forma de distopía funcional política y económica desarrollada en un medio inhabitual, laberíntico, metafórico incluso en su arquitectura y en su geografía, un orbe apocalíptico e irreal dominado por vías aéreas que conectan mundos superpuestos e infinitas escaleras que no siempre llevan al mismo lugar, con una ácida crítica, aunque muy literaria, hacia la mercantilización abusiva y el creciente, insaciable y omnímodo poder de las impías multinacionales que podría recordar, en algunos aspectos, incluso el metaliterario, a la posterior La broma infinita.

“Te estás dejando engañar por la ilusión política más vieja que existe. Crees que puedes cambiar el mundo hablando con un líder. Los líderes son efecto de los cambios, no sus causas. No puedo hacer prosperar una tierra si mis opulentos patrocinadores no pueden explotarla”.

Ni el tiempo transcurrido desde su publicación, ni los cambios que en estos treinta años ha visto la civilización, ni la renovación en las formas estilísticas de los nuevos enfoques narrativos de ese concepto en continuo cambio que llamamos “novela”, afectan en lo más mínimo a la vigencia de Lanark; si acaso, como en las peores pesadillas, podemos comprobar con estupor cómo las amenazas ficticias van encarnándose en ese difuso mundo que llamamos realidad. Lanark es un libro imprescindible, y Gray un autor al que merece la pena seguir.

via “Lanark”, de Alasdair Gray – Revista de Letras.