nos apropiamos de la ciudad sólo en el instante de la revuelta, puesto que sólo esta última, por un instante, la hace cognoscible

“7. El archivo puede destruirse sin que la estructura de la sociedad sea tocada: la ciudad, lugar de lo social por excelencia, no es en efecto una entrega inerte de noticias, sino el mapa viviente, móvil e ilimitado de los crímenes. Desde las calles hasta la cárcel y los diarios, procede así sin obstáculos la actividad única y febril: su tarea consiste en reconducir el crimen hacia dentro del juego de la normalidad social. Esta tarea no atañe sólo a los individuos, sino más bien a bandas enteras de opositores al orden o, mejor, a muchedumbres o masas delincuentes.

La experiencia del mouton se manifiesta mejor y se hace más fructífera allí donde acontece algo inesperado. Con el estallido imprevisto de la revuelta, que interrumpe la continuidad del archivo, aparecen los delatores, útiles y enrolables. Pero así, imprevista, se anima también la muchedumbre, peligrosa por definición. El policía y el agente provocador saben mejor que cualquier otro que “la masa incitada se forma en vista de una meta velozmente alcanzable” (Elias Canetti, Masse une Macht, 1960). En el juego antagonista de la muchedumbre, de su formación y de su igualmente veloz disolución, la policía recompone sin cesar la normalidad social, instaurando el dominio indiscutido de los “hechos”. París es la capital de Haussmann y del comisario Bertillon, es la sociedad que avanza ahí donde la multitud sediciosa emprende la retirada.

Nos apropiamos en verdad de la ciudad sólo en el instante de la revuelta, puesto que sólo esta última, por un instante, la hace de veras cognoscible. Entonces y por vez primera, ya no estamos solos. Pero cuando la muchedumbre se dispersa, la sociedad vuelve a adherirse perfectamente a cada calle y a cada pared. Entonces el “no estar ya solos” se convierte en el “estar de nuevo en sociedad”. La ciudad regresa inapreciable, mientras que el urbanismo aflora entre el polvo de la masa dispersa.”

Clase. El despertar de la multitud.
Andrea Cavalletti.