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SUR Escuela: Mapas

HacerMAPAS

el camino es un elogio del espacio

     «Depuis huit jours, j’avais déchiré mes bottines
     aux cailloux des chemins…»
escribe Rimbaud

     Camino: franja de tierra por la que se va a pie. La carretera se diferencia del camino no sólo porque por ella se va en coche, sino porque no es más que una línea que une un punto a otro. La carretera no tiene su sentido en sí misma; el sentido sólo lo tienen los dos puntos que une. El camino es un elogio del espacio. Cada tramo del camino tiene sentido en sí mismo y nos invita a detenernos. La carretera es la victoriosa desvalorización del espacio, que gracias a ella no es hoy más que un simple obstáculo para el movimiento humano y una pérdida de tiempo.
     Antes de que los caminos desaparecieran del paisaje, desaparecieron del alma humana: el hombre perdió el deseo de andar, de caminar con sus propias piernas y disfrutar de ello. Ya ni siquiera veía su vida como un camino, sino como una carretera: como una línea que va de un punto a otro, del grado de capitán al grado de general, de la función de esposa a la función de viuda. El tiempo de la vida se convirtió para él en un simple obstáculo que hay que superar a velocidades cada vez mayores.
     El camino y la carretera son también dos concepciones diferentes de la belleza. Cuando Paul dice que en tal o cual lugar hay un paisaje hermoso, eso significa: si paras el coche verás un hermoso castillo del siglo XV y junto a él un parque; o: hay allí un lago y, por su brillante superficie, que se extiende a lo lejos, navegan los cisnes.
     En el mundo de las carreteras un paisaje hermoso significa: una isla de belleza unida por una larga línea a otras islas de belleza.
     En el mundo de los caminos la belleza es ininterrumpida y constantemente cambiante; a cada paso nos dice: &laquo¡Deténte!».

La inmortalidad, Milan Kundera

“puntos fijos”, elementos de referencia que le permitan a uno mantenerse orientado en el plano de la ciudad y en los otros planos simultáneos o sucesivos del tiempo

Patrick Modiano es un escritor contagioso. No es posible leerlo sin transfigurarse un poco en un personaje suyo. Empieza uno a leer una novela de Patrick Modiano y cuando sale a la calle ya nota que va entre muy absorto y muy atento, percibiéndolo todo a su alrededor y al mismo tiempo echando en falta lo que ya no existe, fijándose en los desconocidos y en las desconocidas que pasan y en los nombres de las tiendas, en todo eso que uno de sus personajes llama “puntos fijos”, elementos de referencia que le permitan a uno mantenerse orientado en el plano de la ciudad y en los otros planos simultáneos o sucesivos del tiempo. Uno va por la calle, en este octubre atlántico de Madrid, con una novela de Modiano en el bolsillo, y se parece al muy probable narrador de esa misma novela, que quizá llevará un libro de título raro comprado en un puesto de segunda mano o un cuaderno en el que vaya apuntándolo todo: nombres de calles de París que muchas veces aluden a ciudades o a países extranjeros, direcciones de personas o de negocios tomadas de los anuncios por palabras, nombres de cines, de cafés, de tiendas, de librerías, números de teléfono.

via Octubre Modiano
Antonio Muñoz Molina | Babelia
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they carried in their head images of the spread of islands over the ocean and envisioned in the mind’s eye the bearings from one to the other in terms of a conceptual compass

“The navigational practices of Oceanians present somewhat of a puzzle to the student of the history of cartography. Here were superb navigators who sailed their canoes from island to island, spending days or sometimes many weeks out of sight of land, and who found their way without consulting any instruments or charts at sea. Instead, they carried in their head images of the spread of islands over the ocean and envisioned in the mind’s eye the bearings from one to the other in terms of a conceptual compass whose points were typically delineated according to the rising and setting of key stars and constellations or the directions from which named winds blow. Within this mental framework of islands and bearings, to guide their canoes to destinations lying over the horizon these navigators applied vital information ob- tained by watching with the naked eye the stars, ocean swells, steady winds, island-influenced cloud formations, land-nesting birds fishing out at sea, and other cues provided by nature.”

Finney, Ben. “Nautical cartography and traditional
navigation in Oceania.” The history of cartography:
cartography in the traditional African, American,
Artic, Australian, and Pacific societies 2
(1998).

Method of loci

The Method of Loci (plural of Latin locus for place or location), also called the memory palace, is a mnemonic device introduced in ancient Roman and Greek rhetorical treatises (in the anonymous Rhetorica ad Herennium, Cicero’s De Oratore, and Quintilian’s Institutio oratoria). The items to be remembered in this mnemonic system are mentally associated with specific physical locations.[1] The method relies on memorized spatial relationships to establish, order and recollect memorial content.

via Method of loci – Wikipedia, the free encyclopedia.



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