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an early example of the hacker class grasping its unity as a class, and trying to work out issues of authorship and autonomy outside the constraints of state and market patronage

Ross: “More important than laws the Communards were able to enact was simply the way in which their daily workings inverted entrenched hierarchies and divisions – first and foremost among these the division between manual and artistic labor.” (50) The way I would recode this is to think of the Commune as an early encounter with the problem of the worker and hacker alliance. How can repetitive labor and the art of making new things, be brought together not only politically but practically? My interest in figures such as Alexander Bogdanov and Asger Jorn has to do with their attempts to grapple with the relation between these as different phenomena, not well suited to reduction to assumed common ground as the same kind of thing, as labor.

The [Commune's] Artist’s Federation had an approach to self-organization that to me looks a bit different to that of labor. They were concerned with the independence of artistic work from both the state and the market, and as concerned for the autonomy of the right to create as for their wages and security. Significantly, they tried to break down the division between fine artists, who could sign their work, and applied artisan-artists, who could not, by recognizing the latter also as artists with authorial capacities.

To me this is an early example of the hacker class grasping its unity as a class, and trying to work out issues of authorship and autonomy outside the constraints of state and market patronage. Ross: “This is particularly important since it shifts value away from any market evaluation, and even from the art object itself, and onto the process of making…” (57-58) Unlike so many bourgeois artists attracted to revolution, the urgent matters were not about a style or an aesthetic, but practical matters of autonomy and organization that are much more profoundly conceptual at the same time. This was an original version of proletkult.

McKenzie Wark on Kristin Ross’s Communal Luxury(e-flux conversations)

nos apropiamos de la ciudad sólo en el instante de la revuelta, puesto que sólo esta última, por un instante, la hace cognoscible

“7. El archivo puede destruirse sin que la estructura de la sociedad sea tocada: la ciudad, lugar de lo social por excelencia, no es en efecto una entrega inerte de noticias, sino el mapa viviente, móvil e ilimitado de los crímenes. Desde las calles hasta la cárcel y los diarios, procede así sin obstáculos la actividad única y febril: su tarea consiste en reconducir el crimen hacia dentro del juego de la normalidad social. Esta tarea no atañe sólo a los individuos, sino más bien a bandas enteras de opositores al orden o, mejor, a muchedumbres o masas delincuentes.

La experiencia del mouton se manifiesta mejor y se hace más fructífera allí donde acontece algo inesperado. Con el estallido imprevisto de la revuelta, que interrumpe la continuidad del archivo, aparecen los delatores, útiles y enrolables. Pero así, imprevista, se anima también la muchedumbre, peligrosa por definición. El policía y el agente provocador saben mejor que cualquier otro que “la masa incitada se forma en vista de una meta velozmente alcanzable” (Elias Canetti, Masse une Macht, 1960). En el juego antagonista de la muchedumbre, de su formación y de su igualmente veloz disolución, la policía recompone sin cesar la normalidad social, instaurando el dominio indiscutido de los “hechos”. París es la capital de Haussmann y del comisario Bertillon, es la sociedad que avanza ahí donde la multitud sediciosa emprende la retirada.

Nos apropiamos en verdad de la ciudad sólo en el instante de la revuelta, puesto que sólo esta última, por un instante, la hace de veras cognoscible. Entonces y por vez primera, ya no estamos solos. Pero cuando la muchedumbre se dispersa, la sociedad vuelve a adherirse perfectamente a cada calle y a cada pared. Entonces el “no estar ya solos” se convierte en el “estar de nuevo en sociedad”. La ciudad regresa inapreciable, mientras que el urbanismo aflora entre el polvo de la masa dispersa.”

Clase. El despertar de la multitud.
Andrea Cavalletti.

“puntos fijos”, elementos de referencia que le permitan a uno mantenerse orientado en el plano de la ciudad y en los otros planos simultáneos o sucesivos del tiempo

Patrick Modiano es un escritor contagioso. No es posible leerlo sin transfigurarse un poco en un personaje suyo. Empieza uno a leer una novela de Patrick Modiano y cuando sale a la calle ya nota que va entre muy absorto y muy atento, percibiéndolo todo a su alrededor y al mismo tiempo echando en falta lo que ya no existe, fijándose en los desconocidos y en las desconocidas que pasan y en los nombres de las tiendas, en todo eso que uno de sus personajes llama “puntos fijos”, elementos de referencia que le permitan a uno mantenerse orientado en el plano de la ciudad y en los otros planos simultáneos o sucesivos del tiempo. Uno va por la calle, en este octubre atlántico de Madrid, con una novela de Modiano en el bolsillo, y se parece al muy probable narrador de esa misma novela, que quizá llevará un libro de título raro comprado en un puesto de segunda mano o un cuaderno en el que vaya apuntándolo todo: nombres de calles de París que muchas veces aluden a ciudades o a países extranjeros, direcciones de personas o de negocios tomadas de los anuncios por palabras, nombres de cines, de cafés, de tiendas, de librerías, números de teléfono.

via Octubre Modiano
Antonio Muñoz Molina | Babelia
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Brassai: wall, body, action… space

Brassai Graffiti

Luis Buñuel and “Le fantôme de la liberté”: sniper



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